"Lo que no sé lo invento, lo interpreto, lo busco. Lo que sé está casi siempre equivocado y al servicio de los poderosos y sus instituciones, sin olvidar la familia".Margarita Pisano. "Julia, quiero que seas felíz"
El material gráfico empleado son revistas de moda; con ellas las mujeres nos hemos nutrido desde siempre, de ellas aprendimos normas de conducta e identificaciones de género sin advertir los elementos de control social subyacentes.
Ahora las uso como forma de rescatar la metáfora de construir sobre lo existente. Las imágenes seleccionadas son usadas creando unas nuevas que de alguna forma subvierten el orden estructurado originariamente. Y corresponden a un imaginario que no tiene referentes gráficos o visuales comunes, el de una lesbiana de más de treinta años.
La idea es transformarlas en nuevas formas con contenido válido para una mujer como yo, que no encuentra referente alguno en las expresiones de la cultura de masas, permitiéndome una mayor identificación con el mundo tal como lo vivo y lo veo, y esperando que así sea para el resto de mi comunidad.
Para ello trabajo sobre la resignificación de las imágenes, reciclándolas y buscando de alguna manera revertir el proceso de estos materiales que contribuyen a crear mujeres alienadas, con ideas distorsionadas sobre ellas mismas y sobre el mundo.
Mi intención es buscar un orden en el que la legitimidad de cualquier mujer de expresarse libremente sea respetada, no tolerada ni custodiada por un sistema buenista y paternalista, sino respetada en tanto concepto y no en tanto sentimiento.
Vivimos en una sociedad que se caracteriza por el nomadismo, pero las mujeres no somos nómades, somos parias, no tenemos lugar, no tenemos referencias, ni genealogía, mucho menos las lesbianas, mujeres que hemos resignado el lugar de acompañantes en el desarrollo de la historia masculina. Vivimos en un mundo en el que los sistemas de significación cambian permanentemente, pero nosotras las mujeres no tenemos tan siquiera un sistema propio de significación que no sea el que refiere a la cultura dominante, paternalista y masculina.
Ya hemos visto como ha fracasado el imaginario moderno tradicionalmente aplicado al arte y relacionado con el valor de lo inmanente, la búsqueda de valores universales y una idea cunclusiva de un proyecto humanista, lo cual es claro, particularmente porque no puede concevirse un proyecto humanista válido si nos engloba a todos en cuanto "hombres", definiendo la masculinidad en términos modernos y no en términos actuales. Hombre es muy diferente que humanidad, que ser humano o ser humana.
Las mujeres debemos aprovechar que la permeabilidad del arte para con otros sistemas simbólicos es bidireccional, de modo de que así como recibe, puede ser capaz de modificar el corpus simbólico del que se nutre. Mi intención es modificar éste sistema en el que las mujeres somos objeto, al menos por un momento. Y no hablo del desgastado concepto de lo femenino como objeto sexual, sino como objetos de consumo, literalmente autoconsumidas, alienadas en una cultura que no nos gusta ni nos pertenece y fundamentalmente de la que no participamos.
Tenemos que empezar a hacer historia, a producir cultura.
Nos hemos pasado todos estos años distraídas, aún voluntariamente con éstas brillantes imágenes de revistas que nos dicen como debemos ser, vestir y pensar. Y me incluyo, puesto que todavía estoy tratando de sacudirme la belleza, la armonía, la delicadeza, la elegancia y etc, etc, etc, que se filtran de mi subconciente a mis manos cada vez que trato de producir algo, y resulta que nunca es lo que realmente siento, mucho menos algo en lo que pueda crear. Invariablemente aflora a la superficie, el deseo de no pensar, de sólo obedecer, de buscar desesperadamente recibir aprobación (lo que incluye protestar cuando se debe protestar y presentar rebeldía en las ocasiones correctas). Y pienso que las mujeres y en mi caso, las lesbianas, debemos aprender a producir cosas que nos armen una historia propia, cosas en las que podamos creer y confiar.
Como dice Pisano, para ello debemos situarnos en el afuera, lo que implica la posibilidad de revisarlo todo. Olvidando el respeto por los lugares sagrados o intocables. Cuestionando dogmas, libros sagrados, ciencia, historia, partidos políticos, ritos, costumbres, la moral, los amigos, la pareja, la familia y especialmente a todos los grandes maestros. Implica buscar una mirada nueva que nos permita descubrir nuestros propios escondites y escarbar ahí. Por lo pronto yo esoy volviendo al Jardín de Infantes, reconstruyendo con las imágenes que me invaden permanentemente un espejo nuevo en el que me pueda mirar.
Buscando un lugar nuevo, diferente a los que durante toda mi vida he tratado de imitar, porque creo que cuando accedemos a la masculinidad en lugar de construir desde nuestra propia naturaleza, confundimos los cambios culturales con simples cambios de costumbres.
Lo femenino, tal como lo he aprendido, no tiene autonomía ni cuerpo pensante propio, obedece a quien la piensa, y por eso pensamos nosotras tan poco y a veces tan mal. Reivindicar la capacidad de hablar del amor, de las emociones y tener libertad para el llanto como si fuese lo femenino, implica que una mujer inteligente tiene más desarrollada su parte pensante, o sea su parte masculina, lo cual hasta ahora nos ha confundido bastante.
Las seres humanas deberíamos profundizar y trascender las volteretas críticas de las y los intelectuales institucionalizados mentalmente, cuestionándolo todo desde un lugar des-aprendido o des-prendido.
Es inevitable que también en el mundo homosexual las relaciones estén perturbadas por el sistema cultural parejil-familista, y creo que es por eso que hasta ahora me he mantenido en mi mundo propio, girándo sobre mi ombligo y el de mis amantes y amores, como buena mujer. Demandando patéticamente tolerancia e igualdad al sistema en ámbitos que no son los correctos. Basta ver como las lesbianas están ausentes en las reproducciones de cualquier estilo de vida con sentido y se proyectan únicamente como estímulo erótico para la masculinidad, que dios no permita que las madres abandonen a los hombres. No vale pedir, hay que crear.
Cada ser humana debería construir su propia verdad imaginada con su propio espacio y tiempo, pero para ello no bastan ideas reivindicativas ni compartir biografías de maltrato. De última, no es ni siquiera necesario compartir las ideas, creo que lo más importante es compartir un tono, al menos una nota en la que las ideas se expresan.
Las revistas de las que extraigo imágenes todo el tiempo nos invaden con problemas "femeninos", del corazón, de los famosos, de la belleza, etc. La feminidad así creada es perversa y fatua, por eso debemos demostrar que en el mismo mundo en el que vivimos podemos construir otras realidades alternas a esa, que en definitiva podemos encontrar una feminidad que perversa o no, sea por lo menos auténtica.
Es necesario salir de la belleza de lo femenino, del buenismo, de los lugares comunes, mirar desde afuera porque tenemos todo entrelazado las mujeres, lo público y lo privado. Pero salir también implica el abandono de las compañeras de causa, puesto que la misoginia entre las mujeres contiene el rechazo a sí mismas, experiencia que no tienen los hombres, ni los homosexuales ni aún los transgéneros. Por otro lado, en mi caso es aún más difícil puesto que aunque las lesbianas nos salimos del destino de amar a un hombre, no siempre nos separamos del imaginario de la feminidad.
Creo que lo que estoy buscando es apelar a una rebeldía no condicionada por la cultura, o por la forma aprendida de decir las cosas, porque creo que es la única que contiene una verdadera potencialidad de crear.
Por último, la referencia a la vagina es necesaria, no solo por ser una mujer que ama a las mujeres, sino por mi propia condición de mujer. Porque representa mi origen, destino, lugar y forma. Mucho más dulce que mi propio hogar.
1 comentario:
Ser mujer es amar a las mujeres, son hipocritas quienes digan lo contrario, mi primer amor fue mi madre, mi tia, mi abuela, mis amigas, mis compañeras, se complica cuando aparece la competencia, en la adolescencia, adolescemos de confusion, amamos a las mujeres y las hormonas quieren varones, rivalizamos unas con otras y nos olvidamos de nuestra escencia, despues nos someten, domestican, y le llaman cultura, las mujeres somos tan inteligentes como los hombres, en todo, solo que nuestras hormonas son diferentes.
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